TRISTAN
—Nyra… por favor. —Mi voz sonó ronca, pero no bajé la mirada—. Dame una oportunidad.
Ella no parpadeó. —¿Para qué?
—Para mostrarle la clase de hombre que soy ahora.
Una risa seca escapó de sus labios; no fue fuerte ni burlona. Simplemente era cansancio. —No necesito saber eso. Quizás deberías mostrárselo a Lena. Ella lo necesitaba más que nadie.
Apreté la mandíbula.
El lobo que llevaba dentro se despertó, pero lo reprimí. Esto no era una pelea. Esto era peor.
—No lo entiendes. —Sentí un