Hay un tipo de silencio que incomoda.
Otro que envuelve.
Y otro… que asusta, porque parece demasiado perfecto para ser real.
El silencio de esta casa —moderna, impecable, ubicada en las afueras de Washington D.C.— pertenece a ese último tipo.
Desde que me dieron de alta del hospital, Isabelle ha construido una vida a mi alrededor con la misma precisión con la que alguien monta un escenario teatral.
Cada mueble, cada foto colocada en las paredes, cada documento que prueba que mi nombre es Richar