El reloj marcaba las 2:47 de la madrugada cuando desperté empapada en sudor. La ciudad dormía, pero mi mente no.
Por primera vez desde el accidente, las imágenes regresaban nítidas, como relámpagos en la oscuridad.
Vi su rostro. cuando acariciaba mi cabello, escuche Su voz.
El brillo de aquel anillo que encontre sobre mi mesa al despertar.
Y esa nota, escrita con la urgencia de quien huye del tiempo:
“No busques respuestas.”
Cerré los ojos con fuerza, intentando que el temblor en mis manos