Amy:
Avergonzada, envuelvo su mano con mis dedos y le alejo la mano de la cara.
—Estoy bien —consigo decir con una voz más o menos calmada—. Lo siento.
No sé qué me ha pasado.
Me observa, y veo una mezcla de rabia y frustración en su mirada. Nuestros dedos están entrelazados, como si fuera reacio a soltarme.
—No estás bien, amore—dice con brusquedad—. Estás de todo menos bien.
Tiene razón.
No quiero reconocerlo, pero tiene razón. No estoy bien desde que se fue de la finca para capturar