Amy:
No sé si me he golpeado la cabeza o solo estaba aturdida por la explosión, pero de lo siguiente que soy consciente es del sonido de los tiros al otro lado de las paredes. La sala está llena de humo y toso mientras, por instinto, intento ponerme de pie.
—¡ Amy, agáchate! —Es Alexis; tiene la voz ronca por el humo—. Quédate agachada, nena, ¿me oyes?
—¡Sí! —grito. Una felicidad intensa me invade al ver que está vivo y en tan buenas condiciones
como para hablar. Sigo agachada en el suelo, m