Alexis:
—¿Y qué más? —digo, a la vez que le introduzco el juguete aún más. Me sorprende cómo un cuerpo tan frágil no
rechaza un consolador tan enorme, y ver cómo esa vaina se hunde en su interior me evoca un dolor
sumamente erótico.
— Y siento que me abre… —Exhala con fuerza y reposa la cabeza en mi hombro—, que se mete
dentro de mí y me llena.
—Sí, delicia, así es. —Ahora mismo el consolador se encuentra lo más hondo posible, solo
sobresale el extremo. Recompenso su sinceridad acariciándo