Alexis:
En cuanto terminamos de cenar, me la llevo al dormitorio. Le pongo una mano en la espalda
mientras subimos las escaleras. Está callada desde que le expliqué mi próxima misión. Aún sigue molesta conmigo y no solo por eso, también por los microchips rastreadores y el viaje.
Verla preocupada me conmueve e incluso me resulta adorable, pero no pienso malgastar esta
oportunidad de ponerle las manos encima al inglés.
Mi motita no entiende el subidón que me da estar en plena acción, sentir