Amy:
Lo miro incrédula, con el latido de mi corazón retumbando en los oídos. Una parte de mí no se
cree que vaya a hacerme esto en contra de mi voluntad, que me marque como un animal estúpido,
privándome de cualquier muestra de intimidad y libertad, mientras el resto de mí grita que soy una idiota,
que debería haber sabido que un tigre no se puede domesticar.
Las últimas semanas habían sido muy diferentes a cualquier cosa que habíamos tenido antes los dos
juntos. Había empezado a pensar que