Amy:
Una semana después de la conversación con Frank, llamo a la pesada puerta metálica y espero
a que me deje entrar.
He pasado toda la mañana caminando con Rosa y entrenando en tiro, mientras Alexis se ha encerrado sin mí para hacer algo de papeleo de sus cuentas. Al parecer, hasta los mayores criminales tienen que ocuparse de impuestos y asuntos
legales; parece ser un mal universal del que nadie se libra.
Cuando la puerta se abre, me sorprende ver a un hombre alto de pelo rubio sentado fre