"Brindis por la venganza".
La noche era espesa y silenciosa, interrumpida solo por las luces tenues del club privado donde las sombras caminaban con traje y perfume caro. Entre esas sombras, Santamaría reposaba en su mesa habitual, con un vaso de whisky entre los dedos y el alma cargada de oscuras intenciones. La música de fondo era suave, casi como un susurro, y su mirada fija en el vaso parecía devorar pensamientos retorcidos.
Valeria entró con paso firme. Llevaba un vestido negro ajustado,