Isabella, aún intentando calmar su mente tras lo sucedido en la pista, entró al baño buscando un momento para recomponerse. Apenas cerró la puerta, sintió unos pasos apresurados detrás de ella. Valeria apareció, con el rostro desencajado por la rabia, cerrando la puerta tras de sí con fuerza.
—¡Eres una perra! —gritó Valeria, apuntándola con el dedo acusador—. Si crees que me vas a quitar a Leonardo, estás muy equivocada.
Isabella giró lentamente, su expresión era serena, pero sus ojos reflejab