Mundo ficciónIniciar sesiónDiogo me ayudó a recostarme en la cama. Todavía estaba débil, el cuerpo me dolía como si me hubieran dado una paliza, pero nada dolía más que el caos en mi cabeza. Ver a Gabriel en esa cama, tan pequeño… me desarmó por dentro.
Apenas podía organizar un pensamiento.
—Déjanos a solas, Diogo.
<






