Decidí quedarme a dormir en la mansión hoy, para estar más cerca de Caleb. La cabeza me dolía desde la tarde, y cada pensamiento parecía más ruidoso que el anterior. No quería volver a mi apartamento, ni soportaría el silencio.
Cuando entré, la luz de la cocina estaba encendida. Pensé que sería mi madre, pero encontré a Fernanda de espaldas, apoyada en el armario cerca de la nevera. Llevaba unos pantalones cortos de chándal, una sudadera amplia y sostenía el móvil viendo algo en él. Pero en cua