—No… ella todavía vive con él.
Intenté mantener una expresión neutra, pero eso encendió algo dentro de mí. Era como si sus palabras hubieran salido en orden, siguiendo un guion. No sabía qué era, pero algo no cuadraba.
—¿Y vosotros habláis bastante? —me arriesgué, con voz casual.
—Sí, claro. Es una niña increíble, solo tiene ocho años, pero es muy lista.
Su tono fue rápido, como de quien quiere zanchar el tema. Caleb, ajeno a lo que yo estaba vislumbrando, pasó el brazo por el respaldo de su si