—No… ella todavía vive con él.
Intenté mantener una expresión neutra, pero eso encendió algo dentro de mí. Era como si sus palabras hubieran salido en orden, siguiendo un guion. No sabía qué era, pero algo no cuadraba.
—¿Y vosotros habláis bastante? —me arriesgué, con voz casual.
—Sí, claro. Es una niña increíble, solo tiene ocho años, pero es muy lista.
Su tono fue rápido, como de quien quiere zanchar el tema. Caleb, ajeno a lo que yo estaba vislumbrando, pasó el brazo por el respaldo de su silla.
—Yo aún no he conocido a Bia, pero Fernanda habla de ella todo el tiempo. Quiere mucho a esa niña.
Fernanda volvió el rostro hacia él y sonrió. Esta vez, la sonrisa fue más sincera, quizás por su contacto.
Yo me quedé callado una vez más. Aún no sabía qué era, pero había algo que ella no quería que viéramos.
Pero tarde o temprano… lo descubriría. Iba a descubrir cualquier secreto para proteger a mi hermano y solo descansaría después de tener la certeza de que ella lo ama de verdad y no solo