—Buenos días. Hace tiempo que no te veo por aquí —dijo ella, con un tono educado y neutro. Pero sus ojos… no eran tan neutros.
—Sí. He estado ocupado últimamente —respondí, intentando sonar casual.
Ella asintió y esbozó una media sonrisa.
—¿Y qué va a querer hoy?
—No sé… ¿qué me sugiere?
—Lasaña de la casa. Es la mejor de la zona, lo prometo.
—Pues esa.
Ella iba a darse la vuelta cuando la llamé, casi sin pensar.
—Alice.
Se detuvo y volvió el rostro hacia mí otra vez.
Saqué la cartera de la chaqueta, la abrí despacio y saqué el pendiente. Aquel pequeño círculo dorado, con una piedrita que brillaba discretamente.
Ella abrió un poco los ojos, sorprendida.
—Creía que lo había perdido.
—Estaba en la habitación, en el rincón de la cama. —Sonreí, medio incómodo, y extendí discretamente la mano para que lo cogiera—. Confieso que fue raro despertar y encontrar la cama vacía. Nunca me había pasado antes.
Ella cogió el pendiente con cuidado, sus dedos rozando ligeramente los míos.
—Ah, billonar