Llegamos frente a la casa de Larissa y Alessandro. La mansión, enorme e imponente, se alzaba iluminada, y pude ver cómo a Lucas se le encendían los ojos de pura curiosidad. Prácticamente pegó la cara a la ventanilla, absorbiendo cada detalle como si estuviéramos entrando en un castillo.
— Bueno, chaval… hemos llegado —dije sonriendo mientras aparcaba.
Bajamos juntos y enseguida Larissa y Alessandro aparecieron en la entrada, recibiéndonos con una sonrisa cálida. Lucas, sin embargo, se puso tími