El jueves amaneció despejado, con ese sol suave que no molesta, solo hace que todo parezca más bonito. En cuanto Alice y yo llegamos al terreno, noté al instante que había algo distinto allí. Era amplio, bien ubicado, pero aun así en un barrio tranquilo, lejos del ruido pesado de la ciudad. Un lugar que respiraba paz y era perfecto para lo que teníamos en mente.
Víctor, mi amigo y dueño de la inmobiliaria, ya nos esperaba junto al portón de hierro. Estaba apoyado en el coche, con los brazos cru