Invitación del psicópata.
Por otro lado, en la manada.
—Hermano, debes cuidar de tu hijo, no ha parado de llorar — gritó Tara de forma regañona, mientras iba entrando al despacho con Mateo en brazos, quien no cesaba el llanto.
Elijah estaba despeinado, sentado de forma desaliñada en su sillón, mirando a través de un gran ventanal, con un vaso de whisky en la mano. No había hecho una escena violenta, como todos seguían esperando, sino que permanecía callado y encerrado.
Percibía a Atlas, en su interior, echado con la cab