Liam Jones .
La mañana en la oficina comenzó con el sonido habitual de teclados, teléfonos sonando y el leve murmullo de empleados conversando.
El negocio nunca se detiene. Me senté frente a mi computadora, pero tenía la mente en otra parte.
Las proyecciones de inversión que había preparado necesitaban revisión antes de nuestra reunión.
Mi socio, el Alfa Edwards Hills, entró en la sala con esa energía característica que lo hacía destacar.
Era un hombre inteligente y su capacidad para entende