Ava Davis.
A veces me despierto y lamento haber abierto los ojos en un mundo que no reconoce el dolor que llevo dentro.
La luz del día entra por las rendijas de las cortinas, pero todo lo que veo es una especie de neblina, como si mis recuerdos estuvieran envueltos en mil capas de tristeza.
La realidad se ha vuelto borrosa, y mientras miro a mi alrededor, la desesperación me asalta: ¿realmente habrá un futuro para mí?
Desde que este mal me aqueja, cada día es un nuevo desafío.
Soy consciente