74. El secreto que ella guarda
Luego de un par de minutos, Malcolm retiró los dedos húmedos con lentitud, llevándolos a su boca para saborearla, en un gesto que la hizo jadear y arquearse aún más porque ella se volteó para mirarlo, y fue entonces que Malcolm se enderezó, sujetando su pene con una mano y con la otra las caderas de ella.
—¿Estás lista para pagar su estadía aquí, Druida Fletcher? —murmuró Malcolm, esperando que ella dijera algo al respecto.
—Si, sí. Estoy lista… —respondió la rubia, con su voz entrecortada, empu