Después de pasar un buen rato dando vueltas en la cama sin poder dormir, decidí que lo mejor era levantarme y hacer algo. El cielo aún estaba sumido en penumbras; faltaba al menos una hora para que amaneciera, pero la ansiedad me devoraba. No podía dejar de pensar en la reunión con el Alfa. Estaba acostumbrada a que me cerraran las puertas cada vez que pedía entrenar, luchar o participar en algo importante… y no quería que volviera a ocurrir.
Fui al baño a lavarme la cara y me vestí con unos le