El trayecto de regreso a la Torre Ferré transcurrió en un silencio tenso, roto únicamente por el zumbido constante de los motores eléctricos del vehículo blindado y el parpadeo rítmico de los datos que corrían por las pantallas portátiles. Fuera, la neblina artificial de la metrópoli comenzaba a disiparse bajo el empuje de los filtros atmosféricos de la corporación, revelando la silueta imponente y monolítica de la torre recortándose contra el cielo de plomo.
Cuando el transporte cruzó los cont