507. El juego de las máscaras.
Narra Dulce.
Nunca pensé que un cuarto podía transformarse tanto, que los muebles pudieran adquirir un aire distinto sólo con la penumbra adecuada, con las lámparas bajas que apenas dibujan contornos y con el humo del cigarrillo flotando como un velo, como una cortina que oculta más de lo que revela. Estoy sentada en una silla demasiado alta para mí, con las piernas juntas y las manos húmedas apoyadas sobre las rodillas, sintiendo que el tiempo se estira de manera cruel mientras lo espero a él,