460. La hija del rey no se arrodilla.
Narra Dulce.
La tarjeta negra está ahí, inerte entre los billetes y las sombras del velador, pero es una sentencia viva que me estremece el pecho. La tomo con dedos que tiemblan, un temblor mezcla de miedo, rabia y una lúcida determinación.
Mismo número.
Mismo símbolo.
La marca que parecía un simple detalle ahora me revela una verdad monstruosa: esa tarjeta no es solo un pedazo de plástico, es el sello de una red oscura, la que maneja los hilos de todos los que pensé que tenía cerca.