420. Afuera, donde no llega nadie.
Narra Dulce.
Dicen que el infierno está abajo. No es cierto. El infierno es una casa con rejas en las ventanas, una perra atada en la entrada y un hombre que te mira sabiendo que puede hacerte lo que quiera.
Manejamos más de una hora.
Pasamos calles que se vuelven cada vez más anchas, más vacías, más oscuras.
La ciudad queda atrás como una ex que te bloqueó.
Ya no hay colectivos, ni semáforos, ni gente en las veredas.
Solo árboles torcidos, postes sin luz y perros flacos cruzando sin mirar.
Lle