174. La sal en la herida.
Narra Gomes.
Hay algo en la forma en que Lorena se ríe cuando le cuento mis desgracias de colegio que me hace querer volver a vivirlas. No para corregirlas, no. Para volver a contarlas, con ella del otro lado de la mesa. La veo ahí, con el pelo suelto, el plato a medio terminar, y una mano en la panza que crece más cada día. Y por dentro, se me hace una bola rara, mezcla de ternura, miedo y eso que hace años no me dejaba dormir: ganas de estar, de quedarme, de cuidar.
—¿Y entonces qué hiciste c