Capítulo 50. Pupilas electrizantes.
—Suelo hacer otras actividades— Johan se rehusó a montar un toro ante el desafío de Julian. —En mi familia corremos riesgos solo cuando son necesarios.
—¿Cómo cuáles?
Johan se guardó la palabra, optando por otra forma de contestar.
—Algunas que suelen intimidar al contrincante— dijo sin apuro. Julian rió irónicamente
—¿Crees que tu apellido me intimida?— aunque la pregunta requería una respuesta de su parte, él recorrió la silueta de la mujer detrás. Era más llamativo.
Salomé desvió la mirada para no sentir que alguien los iba a descubrir. Acompañó a Julian, tratando de convencerlo de la tontería que estaba por hacer, pero este no escuchaba razones.
Decidió que lo dejaría hacer lo que quisiera, volviendo al lugar donde estaba antes, enfocándose en el toro que fue liberado y al cual, Borghese se aferró a la cuerda con fuerza. El animal salió disparado del corral como un relámpago oscuro, embistiendo contra el aire con cada salto violento. Harold resistió, notándose su experiencia