Capítulo 247. Incontrolable.
La piel del rostro de Livia se sintió congelado, el espacio lo sintió reducido y aquello que sostenía entre los brazos le pareció aún más frágil de lo que en realidad era. Un cañón era hundido entre las costillas del pequeño Zarek, el cual se movía con incomodidad ante el frío metal presionando su cuerpo.
El sollozo se evitó, pero su madre sólo tuvo que obedecer, abandonando su bolso, con su teléfono y demás en la mesa donde no dejaba de timbrar. Valente respiró más lento mientras su llamada f