Capítulo 246. Impacto.
El reloj devoraba los segundos. Los minutos que quedaban se estiraron como una condena silenciosa mientras la sala, aún sellada, mutaba de campo de guerra a centro de operaciones. Nadie hablaba. No por miedo. Cada quien estaba ocupado entendiendo en qué punto exacto de la historia acababan de ser empujados.
El tecleo era lo único constante. La figura sentada frente al computador trabajaba sin prisa, ya que había estado haciendo eso desde hacía horas. Era precisa y sabía que no debía existir ma