Capítulo 152. Quietud analista.
Llegó a la siguiente calle, se limpió la nariz y probó el auricular. Pero como lo pensó, estaba dañado.
Aunque no era necesario cuando vio al sureño que había ido por Moisés regresar con el brazo pegado al pecho, presionando su herida.
—Solo pude quitarle esto— mostró el celular soltando un quejido de dolor. —No sé cómo puede ayudar, pero he visto que es posible.
Johan lo observó, con la pantalla rota, aunque aún eran distinguible algunos mensajes. Fue al único chat que tenía y leyó todo. En