Capítulo 153. A ciegas.
—¡Señorita está sangrando!— se alarmó la mujer en cuanto vio a la portuguesa salir del vehículo.
Livia bajó la mirada, notando el hilo de sangre que ya contaba con una fracción de la tela manchada con su sangre. El frío la recorrió en el momento, y al instante, una punzada de dolor la envolvió.
—Debemos ayudarla— pidió al esposo con terror. Livia se sujetó del capó del auto, la mujer tomó al bebé y ella no quería soltarlo. Temía por él. —Tranquila, lo cuidaré.
—No, yo puedo— se aferró al niñ