Capítulo 121. Asfixiante.
—Solo es comida— dijo Lang acercando el plato hacia la mujer que abrazaba más fuerte a su hijo. —No voy a hacerte daño, ¿está bien?
Livia presionó a su bebé contra su pecho, sin apartar la mirada del candidato, quien sacó un frasco de pastillas que deslizó hacia ella.
—Son para que pase la fiebre y el dolor muscular que dicen que tienes. No afecta en nada la lactancia— la portuguesa lo vio con desconfianza. —Mi esposa las usaba cuando dio a luz a nuestros hijos.
—Teniendo hijos, ¿Eres capaz d