Me moví con rapidez por la casa esa mañana, intentando terminar mis tareas lo más rápido posible. Limpié las encimeras de la cocina que ya estaban impecables, revisé dos veces la mesa del comedor y me aseguré de que todo estuviera en su lugar. Mis manos trabajaban en piloto automático, pero mi mente estaba en otro lado.
Hoy era el día.
Ni siquiera sabía adónde me llevaba Lucian, pero sentía la anticipación vibrando bajo mi piel. El vestido que había elegido anoche todavía estaba sobre la silla