Entré en mi habitación y cerré la puerta detrás de mí, soltando un respiro lento. La casa se sentía inquietantemente silenciosa ahora que los invitados se habían ido, pero la tensión en mi pecho permanecía.
Me senté en el borde de la cama, frotándome los brazos mientras repasaba los eventos de la tarde. La forma en que Lucian había actuado —tan distante, tan indescifrable— dejó una extraña sensación en mi estómago. Apenas me había reconocido delante de ellos, pero la forma en que me miró cuando