No puedes hacerme esto.
Luciano nunca había sentido el peso del fracaso como esa noche, ni siquiera cuando, años atrás, perdió su primera licitación internacional. Lo que ardía ahora no era un simple negocio perdido ni una cifra en rojo en un balance, era algo mucho más cruel y devastador.
Eran las miradas que ya no se dirigían a él, las manos que no se alzaban para estrechar la suya y las conversaciones en las que su nombre había dejado de importar.
No supo cuánto tiempo permaneció junto al bar paralizado, observando