Me va a descubrir.
El primer impacto fue de puro sobresalto y el siguiente, aún más confuso, dejó a Luciano frunciendo el ceño lentamente, no porque sospechara una intrusión en su mundo cerrado, sino porque la expresión de Sara, esos ojos enrojecidos y esa respiración entrecortada, le resultaban tan elocuentes como desconcertantes, hasta el punto de que no comprendía qué hacía allí.
Lo único que sabía era que sus lágrimas parecían acusarlo sin palabras que él fuera capaz de entender.
Ella, en cambio, tragó saliva