Paolo y yo entramos a su habitación a tropezones, ya que no paramos de besarnos desde que entramos al hotel. Como la falda no me permite moverme bien, le digo a Paolo:
- Quítame la falda.
Él me da la vuelta, baja el cierre y me quita la falda, dejándome solo con una tanga. Rápidamente me encaramo sobre él, rodeando su cintura con mis piernas mientras lo beso. En cada movimiento, siento cómo su erección se clava en mi feminidad, haciendo que ambos soltemos leves gemidos. Me bajo y desabrocho su