Marco
Hay una línea muy delgada entre el dolor y el placer…
Veo el cuerpo femenino volar por los aires cayendo en el piso con un golpe seco. Aprehendo el cuello de Giorgio cortándole el oxígeno, el maldito parece un gorila moviéndome, revolviéndose entre mi agarre, resistiéndose a desmayarse. Pierdo fuerza por el brazo lastimado con la bala que me rozó a la vez que siento como se desploma entre mis manos. Miro a todos que tienen cara de circunstancia y entonces me enfurezco en serio.
—Marco….
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