—Los doctores aún lo atienden. ¿Podría venir a verle? —exclamó la enfermera
—¡Claro que sí! Voy para allá.
Anne colgó la llamada y miró a Felipe con tristeza.
—Lo siento, es Daniel, ¡Le han asaltado, está herido! ¡Debo ir a verle! —dijo angustiada.
—Sí, te acompañaré.
—No, pero… ¿Y Matías?
—Despertaré a la nana, le pediré que nos ayude a cuidarlo, mientras volvemos.
—Pero, y si tiene una nueva pesadilla, ¿Qué pasará?
—No la tendrá, ya dormirá como un ángel.
Anne asintió.
—Qué nos llam