Anne sentía que se rendía, que el calor de Felipe estaba quemándola, empujó su pecho y él miró sus ojos, había un gesto de derrota.
—Está bien, me iré, solo dame un segundo, quiero estar a tu lado, solo un segundo —suplicó, ella no se atrevió a echarlo de su lado, de nuevo.
Se recostó a su lado y la abrazó a su pecho, Anne se quedó tan quieta, no pudo moverse, escuchó con claridad los latidos de su corazón, eran tan retumbantes como una dulce melodía, se quedó ahí, y sintió un poco de paz, en