Capítulo 165 «Hamor»

El hospital olía a desinfectante y café rancio, pero la habitación de Lisandro tenía un aire casi festivo gracias a Adrián, que gateaba como un torbellino, dejando un rastro de sonajeros y babas.

Lisandro, a punto de ser dado de alta, estaba sentado en la cama, con el cabestrillo en el hombro y una expresión de cachorro nervioso, tratando de descifrar cómo ganarse el perdón de Valeska.

Ella estaba en una silla, con la carta arrugada que él le había dado ayer en la mano, aún sin abrir, y una cej
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