Lisandro estaba sentado en la cama, con el cabestrillo en el hombro pero una chispa de esperanza en los ojos, listo para salir al día siguiente. Valeska estaba en una silla, con Adrián gateando en una manta en el suelo, persiguiendo un sonajero que sonaba como un cascabel rebelde.
Goran estaba junto a la ventana, fingiendo leer un periódico, pero claramente atento a la tormenta que se avecinaba. Valeska seguía furiosa por los secretos de Lisandro, su amnesia fingida, el peligro al que expuso a