La luz del amanecer se filtraba por las cortinas del hospital, tiñendo la habitación de Lisandro de un gris suave.
Valeska estaba sentada junto a la cama, con el rostro cansado, pero los ojos fijos en su teléfono, esperando noticias sobre Goran. Lisandro, recostado, parecía perdido en sus pensamientos, pero su mente estaba más clara que nunca. La noche anterior, algo había cambiado.
Las palabras de Iskra durante su enfrentamiento habían desencadenado un torrente de recuerdos: conversaciones con