Valeska estaba sentada junto a Lisandro, con Adrián dormido en sus brazos. El pequeño respiraba tranquilo, ajeno al torbellino que los rodeaba. Lisandro miraba por la ventana, con una expresión serena que no encajaba del todo. Valeska lo notó: había algo en sus ojos, una chispa de control que no había visto desde antes del accidente. Era como si supiera más de lo que decía, pero después de todo lo que habían pasado, decidió confiar en él. Era su familia, y eso era suficiente.
—¿Estás bien? —pre