El hospital estaba envuelto en un silencio inquietante, roto solo por el zumbido de los monitores y el eco de pasos lejanos. Lisandro estaba recostado en su cama, con los ojos fijos en el techo, tratando de ordenar los fragmentos de su mente.
La pesadilla con Iskra seguía dando vueltas en su cabeza, como un eco que no podía apagar. No recordaba nada concreto, pero la sensación de que algo estaba mal lo perseguía. Y Valeska… ella había salido hace rato, diciendo que iba a ver a Adrián. Él no le