Valeska caminó por los pasillos del hospital con el mismo paso contenido con el que uno atraviesa un campo minado. Cada puerta que dejaba atrás era un obstáculo superado, pero el más difícil de todos seguía esperándola al final del pasillo, justo donde las luces frías y el eco sordo hacían que todo pareciera más lejano, más frío… más solitario.
A medida que se acercaba, distinguió a Oliver frente a la habitación de Lisandro. Estaba agachado, con los codos sobre las rodillas y la cabeza baja. Pa