Valeska no se movió.
Los segundos se estiraron como una cuerda tensa a punto de romperse. La revelación de Penélope seguía suspendida en el aire, flotando como una amenaza suave. Y sin embargo, ella no dio un paso atrás. Se mantuvo allí, de pie frente a ella, con la mirada fija en ese rostro perfecto y frío, mientras dentro de sí misma todo se reacomodaba en silencio.
Sabía que tenía que irse. Sabía que, en teoría, esa era la señal para retirarse, dejar atrás a esa mujer y lo que acababa de con