La fiscalía olía a papel viejo, café recalentado y tensión atrapada entre expedientes. Apenas cruzó la entrada, Fabricio sintió cómo el ambiente se le trepaba por la nuca, como una humedad densa que se filtraba entre la camisa y la piel.
No era la primera vez que pisaba ese lugar, pero sí la primera en mucho tiempo que lo hacía sin un rol definido, sin estar de uno u otro lado del proceso. Esta vez no era fiscal, ni testigo, ni abogado defensor. Era solo un hombre buscando respuestas, y esas re