El cielo ya no estaba tan claro. El sol, que hace unas horas pegaba con fuerza contra el asfalto, se había escondido detrás de un manto grisáceo que empezaba a teñirlo todo de un tono más frío, como si incluso el clima supiera que algo se estaba quebrando. Valeska bajó del auto apenas este se detuvo frente a la entrada del hospital y no se molestó en cerrar la puerta del todo. Caminó con pasos firmes, pero el pecho le pesaba como si tuviera una piedra encajada en las costillas.
Al llegar al ves